
Hace unos días me vino a la memoria un suceso que he decidido compartir con vosotros.
Me ocurrió hace ya unos cuantos años, en una boda. Estábamos un grupo de personas hablando en el arcén de una carretera secundaria y sin asfaltar. Pasó un coche escarabajo marca Volkswagen a mucha velocidad, sorprendiéndonos a todos. Gritamos y levantamos las manos mostrando nuestra disconformidad al ver esa conducta.
- ¡Pero a dónde hemos llegado!
Tres o cuatro echamos a correr detrás de él (yo el primero) en señal de protesta. El coche se detuvo y de él salió un chico joven y rubio, parecía extranjero.
- ¿Qué pasa?- me dijo en plan chulesco.
Yo, haciéndome el valiente, me puse en postura de kun-fu como para asustarle:
- ¿Cómo que qué pasa? -le dije
Pero él se abalanzó con rapidez sobre mí y me soltó un mamporrazo. Las gafas salieron volando y uno de mis zapatos apareció lejos de donde yo estaba.
Mis cuñados salieron en mi defensa y sujetaron al agresor. Me salvaron de mi incómoda situación. Y el chico desapareció.
Cuando hubo un poco de calma, uno de mis cuñados, sujetándome el brazo me dijo en v

oz baja:
¡Paco, esto no es lo tuyo !
¡Cuánta razón tuvo al decirme esta frase!
La verdad es que hay veces en las te metes en cosas de las que luego no sabes cómo salir. Y a raíz de esto, recuerdo los versos "de cabo roto" que aprendí de joven de Miguel de Cervantes:
“No te metas en dibú(jos), ni en saber vidas aje(nas),que en lo que no te va ni te vie(ne), pasar de largo es cordu(ra)”