domingo, 28 de junio de 2009

DESPEDIDA EN BARCO


“Cuando el barco comienza a deslizarse
el muelle ya no cuenta en el diseño
las despedidas son casi irreales
los pañuelos se pierden en el tiempo”
M. Benedetti

Estoy leyendo y saboreando paulatinamente las poesías del poeta uruguayo y me vienen a la memoria momentos de mi juventud, cuando al terminar las vacaciones en Melilla, debía de volver a la Península.
Un grupo de familiares y amigos en el muelle, abrazos, feliz viaje, que te vaya bien, lo que se suele decir en estos casos, deseándome lo mejor.
Con mi maleta de madera, fabricada por mi padre, subo las escalerillas del barco; al terminar de subir, levanto mi brazo en señal de saludo. Me viene al olfato el olor típico a barco.
Bien trajeado, me atiende el recepcionista, comprueba el billete y me lleva al camarote. Dejo la maleta en el sitio correspondiente y salgo a la cubierta, para ver a mi grupo. Los veo tan cercanos que todavía podemos hablarnos y oirnos. El saludo y la sonrisa nuevamente. Suena la sirena del barco anunciando la salida. Otra vez el saludo.
El barco, poco a poco, comienza a alejarse del muelle; cada vez aumenta la distancia, Veo que algunos sacan el pañuelo: yo también saco el mío intercambiando la despedida. Llega el momento en que sólo veo un grupo difuminado y unas cabezas diminutas como si fueran cabezas de alfileres.
Un compañero de los del grupo ha llevado su moto al muelle y, como está oscureciendo, enciende y apaga las luces en señal de despedida. Esto fue lo último que puedo ver. ¡Las ráfagas de luz de la moto!
Ese día no pude evitar unas lágrimas pensando en que tendrían que pasar cuatro años para volver a ver a mis familiares y seres queridos.
¡Qué reales y qué tristes son estas despedidas en barco!

El blues de la distancia llega y parte
me deja dos baladas y un deseo...

miércoles, 24 de junio de 2009

LA BAÑERA...

¡La hemos mandado al carajo! Se han quitado barreras: hemos acortado distancias. Hace doce años que hicimos reforma de la cocina y del cuarto de baño con… su bañera.

Yo nunca la llegué a usar para bañarme; no me gusta. Simplemente la utilicé como ducha. Tampoco mi mujer ni mi hija la disfrutaron.

Las condiciones de mi cadera han provocado esta reforma. El jefe de la obra, un español y dos rumanos se encargaron de la albañilería; un ruso de la fontanería. Han tardado tres días. A medida que vamos siendo mayores, más nos asustan las obras. El polvo que se introduce por los sitios más inverosímiles, cambiar cosas a otras dependencias... En fin, que se te va el tiempo y piensas que no has hecho nada. Empieza el martilleo desagradable para ti y para los vecinos. Al perro se le nota que no está a gusto en ningún sitio, con el rabo bajo y tenso.

¡Qué trastorno y desbarajuste se arma! ¿Has visto mis gafas? ¿Dónde dejaste el cortauñas? ¿Has visto mi colonia?
Todas estas preguntas y muchas más van paralelas a la obra. Lo mejor en estos casos sería (siempre que se pueda) dormir en otra casa.
Quedamos contentos con el trabajo, a pesar de las circunstancias que hemos tenido que pasar... ¡Bienvenido, plato de ducha!

miércoles, 17 de junio de 2009

UNOS ABUELITOS MUY MAJOS


¡Qué bonita y turística es Cuenca! Existen dos partes completamente distintas, pero ambas con su belleza y encanto peculiar. La parte de arriba, la Serranía es un terreno abrupto y montañoso, donde se encuentra la Ciudad Encantada, el Nacimiento del Rio Cuervo, las Hoces de Beteta, Cuenca ciudad… La de abajo, la llanura de la Mancha: Segóbriga, Castillo de Belmonte, el Monasterio de Uclés…
A 30 kilómetros de Cuenca, dirección Cañamares, en el Campichuelo existe la ruta del románico rural. Aquí se encuentra el pueblo de Torrecilla con su iglesia románica, situada en un montículo. La carretera cruza por en medio del pueblo por lo cual no pasa inadvertida para el viajero.
En este lugar pernocté varias veces. Conocí a un matrimonio genial, ya mayores: tía Mónica y tío Eugenio. Tuvieron tres hijas y tres hijos uno de ellos sacerdote.
Tío Eugenio tenía una gran filosofía de la vida: sabía desenvolverse en el diálogo con conversación amena. Era el “Quico del pueblo”: alcalde, sacristán, herrero, tenía colmenas, carpintero (hacía las cajas para los difuntos)… En fin que era un “todo terreno”.El taller, con toda clase de herramientas, lo tenía cerca de la cuadra en la cual existía una borrica.
En cierta ocasión me presenté en el pueblo con la rueda de repuesto pinchada, bajé al taller con mis desmontables y un simple martillito: me fue imposible conseguir separar la yanta del neumático. Cuando ya daba el caso por perdido, él me dijo:
-Esta juventud de hoy en día no vale para nada. ¡Déjame a mí!
Cogió la maza y dale que te pego, sudaba, hasta que consiguió el objetivo en poco tiempo. Entonces, le dije en plan de guasa:
- ¡Hombre… con esa maza…!
Tío Eugenio me acompañaba por los pueblos de Cuenca. Tía Mónica nos preparaba “el zurrón” bien surtido: buen chorizo en aceite y un exquisito vino casero. Una vez, cuando íbamos a montar en el coche los amigos de tío Eugenio se quedaron mirando cómo salíamos a dar una vuelta y al montarse y cerrar la puerta me comento:
- ¡Creo que mis compañeros están muertos de envidia por estas salidas que yo hago! ¡Pues que se jodan, que tengan un hijo cura!
En una de nuestras excursiones, realicé un recorrido mayor del previsto y me faltó la gasolina. Quedaba un kilómetro para llegar a la gasolinera, que era un bar donde la servían en botellas corrientes de cristal. Nos bajamos los dos del coche, y él detrás con su garrota, empujando y yo de pie con la ventanilla abierta y la mano derecha en el volante, también empujaba. Llegamos rotos habiendo empleado en ello un gran esfuerzo. Menos mal que el vehículo fue fácil de manejar.

Otra vez estaba examinando a un futuro alumno para el colegio, en San Pedro Palmiches. Tío Eugenio, en la habitación contigua dialogaba con el padre, diciéndole:
- “Para qué quieres tener a tu hijo en el pueblo: ahora a esta edad, te puede ayudar en algo, pero dentro de poco lo tienes en la mili, después estará con la novia que se piensa casar y estará mirando con el rabillo del ojo, a ver qué le sobra al abuelo para llevárselo a su casa. ¡Manda tu hijo al colegio que estará mejor, y se hará un hombre!”

Cuando la pareja jugaba a las cartas, era para verlo, no para contarlo.¡Qué pena que en aquellos tiempos no hubiese tenido una cámara de video! Todas las tardes echaban su partida. Era una apuesta, no solamente en el juego si no que el que más gritara y el que más trampa hiciera era el vencedor. El primer día que presencié una partida dije para mis adentros:
- ¡¡ Ay madre!! Esto termina mal.
Me equivoqué. Una vez terminado el juego, todo volvió a la vida normal.

Una vez tuvimos que ir a Cuenca ciudad a por una imagen de San Antonio, para la iglesia. Ocupaba todo el asiento trasero, de tal forma que en la parte delantera íbamos tía Mónica, tío Eugenio y yo.. Al llegar al pueblo fuimos la admiración de los vecinos: fue todo un acontecimiento.
Tío Eugenio siempre hablaba bien de su mujer y del valor que le echaba a las cosas. No le asustaba el trabajo. Lo mismo montaba en la burra para atender a las colmenas, que labraba la tierra o cuidaba los animales. Y hablando de los pechos de su señora, decía con frecuencia: “Mientras estaba dando el pecho al niño de la vecina, con el otro pecho me estaba esturreando el ojo”. También repetía: “Si alguien ha de faltar, que sea yo el primero, porque yo no podría vivir sin mi Mónica”.
Y así se cumplió.
Un matrimonio para el que en aquellos tiempos, sacar adelante a seis hijos tuvo que representar mucho trabajo y un gran sacrificio.
Al narrar estas historias me siento feliz y contento considerando que estoy cumpliendo un deber homenajeando a estas personas dignas de alabanza. Es mi manera simbólica de darles el abrazo que ya no les puedo dar. Que todos aquellos que les conocimos los tengamos en la memoria e imitemos sus buena obras.

Fotos: 1.Casa colgadas. 2. Iglesia romáica de Torrecilla. 3. Ciudad encantada. 4. Monasterio de Uclés. 5. Foto de la epoca (tía Mónica y tío Eugenio) 6. Ciudad de Segóbriga.

miércoles, 10 de junio de 2009

UN “HARTÓN” DE BICICLETA: SALAMANCA - ÁVILA

Estábamos en el colegio de Salamanca hacia los años 59. Como jóvenes que éramos, a un grupo se nos ocurrió la siguiente idea:
¿Cómo podríamos “hartarnos” de bicicleta?
Se planificó una salida a Ávila, a 100 kilómetros de distancia. Alquilamos un autobús y ocho bicis. Contábamos con otra, la del colegio, por lo que en total teníamos nueve.
Salimos por la mañana temprano. Nueve estudiantes realizamos el viaje de ida pedaleando. Una vez llegados a Ávila y después de comer un bocadillo, les entregamos las bicis a los otros nueve que habían ido hasta allí en autobús, de modo que ellos volvieron a Salamanca en bici y nosotros en autobús.
Todo resultó muy bien. La experiencia fue fenómena. Como estábamos desentrenados, las posaderas de algunos resultaron bastante afectadas.
Una vez de vuelta en el colegio, por la noche, cada equipo contó su aventura.
A los que les había tocado la bici del colegio las pasaron canutas porque era una bicicleta pesada con guardabarros y parrilla trasera de hierro, que el colegio tenía para ir a correos y realizar los recados.
El turno de la mañana, es decir, el mío, decía:
- ¡Qué cansancio! ¡Todo el viaje cuesta arriba!
Y lo más sorprendente era que los de la tarde contestaban:
- ¡Uff,qué hartazón de bici” ¡Todo cuesta arriba!
Total: una contradicción difícil de resolver. Se formó una jocosa discusión y, por supuesto, hubo un contagio de risas.
Moraleja:
“Cada uno cuenta lo suyo, según le va en la feria"

jueves, 4 de junio de 2009

USTED ESTÁ PEZ

Nada más sacarme el carné de conducir, hace ya bastantes años, me vino la idea de hacer prácticas con la moto: una lambreta de segunda mano que tenía el colegio, en Salamanca, para realizar los recados.
Así que me subí en la moto, di dos vueltas por el campo de fútbol y salí a la calle, bajando por la carretera de Béjar hacia el puente. Un agente de trafico paró a los vehículos que íbamos en esta dirección.
Paré la moto y …¡oh! Se me caló. Bajé, le di al pedal y el motor se puso en movimiento. Me di cuenta de que toda esta operación captó la atención agente, que en vistas de lo que pasó después se quedó con la imagen. Me dio paso y, con cierto nerviosismo, pasé la glorieta tomando la carretera de de Madrid.
A la vuelta, forzosamente debía de pasar allí..
El mismo agente nos volvió a parar y…
¡Qué desastre! Otra vez se me caló. Bajé de la moto, y vi que el agente se dirigía rápidamente hacia a mí. Cuando estaba cerca dijo:
- Mire, usted está pez
- ¡Tengo carné! - le contesté
Pero casi no me dejó terminar y sin hacerme caso me cortó diciendo:
-¡Haga el favor de irse a un descampado y haga prácticas!
Arranqué y me fui pensando en sus palabras.
Eso de “Está usted pez” me hizo mucha gracia. Cuando se lo comuniqué a mis compañeros, nos tronchamos de risa. Sin lugar a dudas, no iba desencaminado y demostró ser un profesional.
Le hice caso e hice unas prácticas fuera de la ciudad. A partir de entonces estuve un año entero conduciendo una vespa y, a pesar de cuatro pequeñas caídas, no se me daba nada mal.

jueves, 28 de mayo de 2009

DE NUEVO AQUÍ

El jueves día 21 llegamos al hospital de Alcorcón y fuimos a recepción para pedir una silla de ruedas. Una azafata nos esperaba. Cuando hubo un grupo considerable de personas, comenzó a nombrar. Éramos unos 20, casi todas mayores. Formamos una comitiva con la azafata al frente y realizamos un desplazamiento, como si fuese un tour turístico por los largos y anchos pasillos del hospital. Dos sillas de ruedas cerraban el grupo: una de ellas era la mía. Llegados a la 2ª planta, la azafata empezó a distribuir al personal. Me tocó una habitación con vista panorámica: un gran ventanal ocupaba toda la pared exterior. La vía del tren quedaba bastante retirada del edificio.¡Cuánto hubiera disfrutado viendo detrás de la vía unas verdes montañas o un ancho mar! Pero nada de eso. Sólo veía edificios y más edificios. Puse los pies en el suelo y dejé de soñar.
-¡Ojo!- me dije -¡Estoy aquí para operarme, no de vacaciones!



Llegó el momento de la cena. Aquí, en este punto, no me valió la poesía. Debo ser realista. Me ofrecieron, como a todos, ¡comida de enfermos!
Mi compañero, madrileño de 84 años, llevaba 18 días hospitalizado porque tenía una infección. Había sido taxista. Yo estaba sorprendido porque oía a las enfermeras que unas veces le llamaban Pedro y otras Pablo. Para salir de mis dudas, solos en la noche, le pregunté sobre el tema y me contestó:
Mi madre quería llamarme Pedro y mi madrina, Pablo. El cura del pueblo queriendo contentar a las dos partes y acordándose de la sabiduría del Rey Salomón dijo:
-Se llamará Pedro Pablo.
Llegó el día señalado. Habían avisado que hacia las 12 me operarían. Efectivamente sobre esa hora aproximadamente vino el celador para llevarme a la planta baja, dirección quirófano. En la habitación, antes de bajar, había estado rodeado de mis familiares.
Me llevaron al quirófano. Me sentaron y con la cabeza hacia abajo me pusieron la epidural en el final de la espalda. No es nada agradable, por cierto.
Después me tumbaron hacia el lado derecho, pues iban a intervenirme la cadera izquierda. Me pusieron unos topes a cada lado para evitar que me moviese. Después, me colocaron como un telón para que no pudiese ver nada: sólo veía los gorros verdes de los cirujanos. Cuando vieron que la anestesia ya había hecho su efecto, comenzaron la operación. Oí unos martillazos y ruidos extraños, como si de un serrucho o una escofina de carpintero se tratara. Me recordaron a los golpes que oía de pequeño cuando mi padre trabajaba en su taller. También de vez en cuando me movían como pretendiendo encajar alguna pieza. Como no te permiten tener el reloj, no pude ver el tiempo que duró la intervención, aunque calculo que unas dos horas.
Después de la operación el cirujano salió a comunicar a la familia que había salido bien.
Lo que vino después fue peor: estuve en observación unas horas, sin poder moverme y con un dolor en la espalada espantoso. Me subieron a la habitación a las siete de la tarde y allí me esperaba mi familia. Esa noche fue la peor.
Ayer me dieron el alta y, aunque tengo que hacer una serie de ejercicios y tener cuidado con los movimientos, estoy bien.
Quiero daros las gracias por todos vuestros comentarios de ánimo y apoyo.
Amigos blogueros, ¡a caminar!

miércoles, 20 de mayo de 2009

UN PARÉNTESIS


Hola amigos:
Hacía tiempo que estaba esperando este aviso y hoy he recibido la noticia: debo presentarme en el Hospital de Alcorcón, el jueves (mañana) a las 7 de la tarde para ser operado de la cadera el viernes día 22. Soy diabético, tengo insuficiencia renal y según los médicos hay un cierto riesgo. No obstante, estoy animado y tengo fe en que todo saldrá bien. Estamos en las manos de Dios ... “y de los artistas que utilicen los bisturís y demás aparatos…”
“No sabemos ni el día ni la hora”(Mt.25)
Amigos blogueros, os tengo en el recuerdo.
Saludos!

sábado, 16 de mayo de 2009

MI TIO GABRIEL

Todos de pequeños hemos tenido un familiar preferido; ya sea una abuela un abuelo, un tío… El que más nos ha querido, el que siempre que podía nos traía una golosina, una atención.
Nosotros éramos cuatro hermanos (todavía quedaban unos años para que llegase el quinto). Los tres primeros muy parejos: 10, 9 y 8 años y una niña pequeña. Éramos los únicos sobrinos que tenía mi tío Gabriel. Mis padres tenían una pequeña mercería en el barrio, que se creó gracias a la idea de mi tío para cuando nosotros fuéramos mayores ocuparnos de ella. Él se acercaba todos los días a casa para llevar la contabilidad.

Todos los domingos nos compraba el tebeo “Flechas y Pelayos”, con su correspondiente propina o algunas chucherías. A los tres nos quería por igual. Al menos nosotros no notamos ninguna preferencia. Cuando él se sentaba a la mesa para almorzar, me fijaba cómo tomaba los jureles que mi madre con tanto amor le preparaba. Cuando pelaba una naranja, a mí me parecía un artista, viéndole cómo se desenvolvía, empleando el cuchillo y el tenedor, sin llegar a tocarla con las manos
Pasado un tiempo, cuando yo era joven e iba de vacaciones (año 1948) me dejaba la bicicleta. ¡Lo que disfruté recorriendo toda Melilla por los cuatro puntos cardinales! No me cansaba (lo que se puede hacer teniendo juventud…)
En otro verano, en vez de bicicleta, él tenía una moto “Panther”. Ocurrió lo mismo que con la bicicleta, a diferencia de que tenía que emplear gasolina.
Pasó igual con el coche y entonces sí que lo pasé en grande. Casualmente ese verano la compañía de teatro de Pepe Mairena (el que compuso la canción “Tengo una ovejita lucera”) actuaba en Melilla. Emilio el Moro y Antonio Molina formaban parte del grupo: a ambos los llevé de paseo por toda la ciudad. Me encontré muy emocionado al verme en compañía de personas famosas del escenario. Es una pena que ninguno de los tres estén ya con nosotros.
Entre todos los tíos, sin lugar a duda, mi tío Gabriel ha ocupado el mejor puesto de todos, seguramente porque he convivido más tiempo con él. Han transcurrido tres años desde que mi tío Gabriel nos dejó.
“En la vida existen momentos en los que extrañas mucho a una persona; tanto, que quisieras sacarla de tus sueños y abrazarla muy fuerte”.

domingo, 10 de mayo de 2009

LA FORTUNA DE SER BLOGUERO

Al dejar un comentario en el blog de Abuela Cyber (http://abuelaciber1000.blogspot.com) me han llamado la atención sus palabras, que dicen así:
“La interrelación bloguera se nutre con los sentires que dejamos expresados y con el tiempo se convierten en un vínculo de amistad”.
Es maravilloso ver cómo practicamos la comunicación en la distancia con toda su amplitud. Todos los días leemos mensajes, entradas escritas por personas a las que no conocemos físicamente y que de alguna manera coinciden con nuestras opiniones, con experiencias parecidas a las que nos ocurren a nosotros.
De esta forma, esta afición me ha puesto en contacto con todo un abanico de personas y situaciones:
-El que una futura madre primeriza nos muestre su alegría, sus sufrimientos y sus gozos en su tiempo de embarazo, es emocionante.
-Que una persona mayor nos cuente que se va con “los viejos” (sic) a tomar un chocolate con churros y a pasarlo bien, eso es vida.
- Aquella que hace un gran viaje con sus amigas fuera de España es envidiable.
- Que una persona nos cuente sus sentimientos ante la llegada de un sobrino con síndrome de Down es enternecedor.
- Que nos muestren poemas u opiniones sobre libros, es cultura y de agradecer.
- Los videos que llevan un mensaje de gran valor ético, nos relajan y nos hacen reflexionar
En fin, en todo este mundo veo una gran comunicación, donde predomina la rapidez, la sinceridad, el entretenimiento y por supuesto la dedicación y el encuentro con personas a las que de otra forma no conoceríamos nunca.
Los que estamos en este mundillo bloguero, sin conocernos, estamos apoyándonos unos a otros en la vida, a veces en la enfermedad. No exigimos nada, sólo el recuerdo y el apoyo moral.
“No esperemos que la vida sea justa”, pero con personas a nuestro lado las injusticias serán más llevaderas. Los que ya llevamos cierto recorrido en ella (por no decir que somos viejos) sabemos de las alegrías y sinsabores que lleva consigo el cumplir años. Es cierto que cada uno debemos llevar nuestra cruz, pero también es cierto que será más liviana si hay apoyo por parte de familiares, amigos, vecinos y…
¡¡Blogueros!!
¡Sabemos que la unión nos hace fuertes!

martes, 5 de mayo de 2009

EL CERCO DE ARTAJONA

En el suplemento El viajero, del periódico El País del día 25.4.09, Patricia Gosálvez, tratando del Cerco de Artajona decía lo siguiente:

“Recién remodelado, se han gastado cuatro millones de euros en hacerlo. El Cerco, a unos 30 kilómetros de Pamplona, es uno de los conjuntos fortificados mejor conservados de Navarra. Nueve bestorres (abiertas por un lado) de las que probablemente fueron 17, permanecen orgullosamente erguidas desde el siglo XI "

Cuando estudiaba el bachiller en Puente la Reina hacia 1948, los mayores fuimos de excursión a este pueblo. Antes de entrar en él existía una explanada donde se cultivaba el palodú o regaliz. Cuando yo compraba esta chuchería en los puestos de Melilla, yo creía que procedía de las ramas de los árboles y en Artajona aprendí que eran raices. Nos hizo ilusión el poder saborear “in situ” esta rica golosina.
Entramos en el pueblo. Por el reportaje antes citado, he sabido que allí, en 1977, se rodó la película “Robin y Marian” de Sean Connery y Audrey Hepburn.

“ Lo más famoso a nivel popular de esta iglesia son sus campanas, no por los mil kilos que pesan, sino por ser las únicas que se bandean al revés, es decir tirando de ellas en vez de empujándolas, el mas difícil todavía”

Más tarde, hacia los años 60, una rondalla compuesta por los chavales de la escuela, fue al salón de actos del colegio de los Padres del Corazón de Jesús, en Puente, para interpretar un repertorio de jotas navarras. Me acuerdo que las grabé todas. Una de ellas me la aprendí de memoria y algunas veces la tarareo y dice así:

La ciudad no es para mí.
Viva Cerco de Artajona
La ciudad no es para mí.
Y aunque me dejen solico,
a Pamplona no he de ir
y a Pamplona no he de ir.
¡Viva el Cerco de Artajona!

Es una buena noticia el que se haya remodelado tanto el Cerco como la iglesia de San Saturnino.
¡Cuánto disfrutaría dando una vuelta de nuevo por ese Cerco con el ambiente tan medieval!

miércoles, 29 de abril de 2009

MEJILLONADA

Una vez estuve en Abanqueiro, en el concejo de Boiro (La Coruña). Estuve varios días por esa zona y saqué tiempo para todo. Un día, la familia de uno de los alumnos del colegio, me llevó en su barca, llamada “Cala boca” para estar en su batea o mejillonera.¡Qué panorama más original observar esos flotantes criaderos, que desde lejos te imaginas barcas!
El último día, me acuerdo muy bien, fue la fiesta de Santiago. Esta familia se pegó un madrugón y empezaron a sacar mejillones a trochemoche al tiempo que seleccionaban los más buenos para cargar el Citröen Dyanne 6, mi coche. Calcularon demasiado bien, de tal forma que lo llenaron hasta reventar.
Nada más terminar, después de tomar un cafelito”familiar”, me despedí y… ¡al volante! Había un olor, que hacía imaginar que estabas en una marisquería.
A las 11 de la mañana, tomé el camino hacia Venta de baños. Debido al peso, el vehículo no quedaba recto: los faros miraban hacia el cielo.
Por tierras de León tuve que repostar. El encargado de servirme la gasolina, observando que la boca del depósito estaba muy baja, dijo:
- ¡Caballero, este coche va de culo!
Yo sabía desde el principio que iba con exceso de peso, pero ¿cómo iba a renunciar a tan valiosa carga?
Durante el viaje, pensé que no saldría bien, pues recordaba el dicho: “La avaricia rompe el saco”. Pero me equivoqué. Llegué de noche, felizmente, sin que ningún agente me interviniera.
Algunas veces tenemos a nuestro lado un “angelito” que nos protege y no nos damos cuenta.

sábado, 25 de abril de 2009

CORAL CLUB AMIGOS

El día 18 de abril por la tarde tuvo lugar el enlace de dos voluntarios del CLUB AMIGOS (Asociación de ocio y tiempo libre para personas con discapacidad intelectual). Ya he dicho en alguna ocasión, que pertenezco a este voluntariado desde que me jubilé.
La coral del Club, a la que antes de enfermar me dedicaba, intervino con sus cánticos, en el enlace. No faltó ninguno. Estaban todos, los 32 componentes dirigidos por el matrimonio Efrén y Eu. Los chavales estaban muy emocionados, ya que para ellos suponía un tarea de gran importancia. Para la ocasión, estrenaron vestuario: los chicos llevaban camisetas de varios colores (rojo, amarillo, blanco, gris) y las chicas una blusa de flores.¡Estaban guapísimos/as.
En el tiempo que lleva funcionando esta Asociación (24 años) se han celebrado 9 enlaces entre los voluntarios. Dedicar parte del tiempo en una causa como ésta, el trabajo juntos, da pie a que las personas se conozcan y esta relación dé buenos resultados.
El trabajo del voluntario consiste en darse a los demás sin nada a cambio, y esto supone una gran generosidad por parte de la persona. Es gratificante “tratar a los demás como quisiéramos ser tratados”

sábado, 18 de abril de 2009

RECUERDOS DEL AYER


Cuando estuve en el colegio de Puente la Reina (Navarra) en 1974, cursando el bachiller, todos los meses teníamos programada una excursión.
La primera que hice se me ha quedado muy grabada en la mente. El día nos acompañó: era de esos días que sin salir el sol se estaba muy a gusto en la calle. El lugar señalado para pasar el día fue en una explanada por donde pasaba un riachuelo, entre Mendigorría y Larraga.
Como leyenda, un compañero me contó durante la construcción de la iglesia del pueblo de Mendigorría escaseó el agua y por ello tuvieron que terminarla empleando vino.
Yo no estaba acostumbrado a andar tanto, circunstancia poco agradable a la que tuve que hacer frente además del frío.
Una vez llegado al sitio indicado ya fue otra cosa porque empezamos a jugar y a entretenernos a lo grande.
Lo que más me llamó la atención fue que la comida la transportaron los compañeros mayores, guiando el carro tirado por un caballo, al que llamábamos Felipe. Era el único vehículo que tenía el colegio para uso y trabajo en la huerta. Traían todos los ingredientes y artilugios para hacer una paella. Ni qué decir tiene que la paella fue toda una obra de arte. Aunque, por una razón o por otra tardó un poco en hacerse. Yo creo que fue que el estómago corrió más de la cuenta y el buen olor ayudó en parte a que la hambruna fuera en aumento.
Después de un descanso prudencial, había que pensar en el regreso. Todo preparado y en marcha. Ya sabemos todos que en estos eventos y situaciones parecidas no es igual el ir que el volver… pero llegamos.

En el colegio, el prefecto de disciplina, se encargaba cada trimestre de distribuir a los alumnos algunos trabajos u oficios para la buena marcha del internado: enfermería, sacristía, ropero, campanero, aguador, comedor, servicios, etc. Por aquel entonces en el colegio no teníamos agua potable. Había que traerla de un aljibe situado en la Alcolea de Arregui, próxima al colegio. Una de las veces, me encomendaron este servicio. Había que salir un poco antes de la comida provisto de una especie de marco realizado en madera que sujetaba los cubos. Teníamos que meternos dentro del marco y coger un cubo en cada mano. De esta forma se evitaba que la carga rozara las piernas. El trabajo no era gravoso, más bien divertido. Pasado algún tiempo, otro compañero tomó el relevo.

Sin embargo, el oficio que más me gustó, fue el de campanero. Había que subir a la torre de la iglesia. Se trataba de bandear la campana todos los días a las 12 (hora del ángelus). Frente al campanario existía una montaña cultivable (ahora han construido viviendas).
Una de las veces mientras estaba tocando, vi a un labrador que había parado su trabajo, descubierta la cabeza, boina en mano, rezando el Ángelus. Desde aquel entonces, a mi corta edad, me consideré una persona importante pensando que mi labor servía para algo.
Cambian los tiempos, las personas y las cosas. Nos causa cierta tristeza a los que hemos vivido tiempos remotos, ver como eliminan “cosas” que en algún momento nos han dado emoción y alegría.

jueves, 9 de abril de 2009

LA PRIMERA VEZ QUE VI...

Es cierto que siempre hemos tenido una primera vez para cualquier cosa que imaginemos. Si miramos a nuestro alrededor veremos objetos o cosas que sentimos y percibimos.
¿Cuándo fue la primera vez que viste el mar?
La pregunta sobra para aquellos que han nacido en pueblos o ciudades costeras. Ocurre lo mismo que con la tele. A esta pregunta sólo contestaría media España, porque la otra media nació con la tele en casa.
La primera vez que monté en barco y tren fue a los 13 años haciendo el trayecto Melilla-Valencia-Navarra. Tuvieron que pasar 7 años más para montar por vez primera en avión. Fue de Madrid a Nador, pueblo marroquí, porque en Melilla todavía no había aeropuerto.
La primera vez que disfruté de las escaleras automáticas, fue en Madrid en el centro comercial Galerías Preciados (hace tiempo que cerraron). En realidad no fui a comprar nada: sólo entré por la novedad de esas escaleras.

También en Madrid vi por primera un campo de fútbol iluminado. Fue en el Estadio Santiago Bernabéu en el año 1957. Había una invitación para todos los colegios de Madrid y esa vez se llenó el campo de chiquillería, porque fue una gran novedad y además gratis.


La primera vez que vi la televisión, en blanco y negro, fue en casa de D. Mariano Medina (el hombre del tiempo en los años 50-60). Sus hijos estaban matriculados en colegio Fray Luis de León. A uno de ellos lo tuve en clase. Coincidiendo con que mis padres tuvieron que venir a Madrid por motivos médicos, pensé en hacerle una visita a D. Mariano con la idea de que mis padres y yo pudiéramos ver la televisión por primera vez en su casa. Y así fue como pudimos gozar de esta novedad, gracias a la disponibilidad de esta familia.
Estas son algunas de las novedades que recuerdo y que me llamaron más la atención. Me gusta recordar estas cosas, porque me distraen, que me viene bien, y me remontan a otros tiempos.

jueves, 2 de abril de 2009

CASTAÑAAS!!!

Habíamos organizado una salida desde Venta de Baños, por tierras palentinas Iba con mis compañeros Rodríguez, Carrera y Gabriel en un Citröen Dyanne 6 y al volante, como era costumbre, el que redacta esta anécdota. Pasamos por una carretera secundaria, sin mucho tráfico y cuando íbamos hablando de nuestros temas, desde lejos observamos algo extraño en la cuneta y en parte de la carretera.
¿Qué será? Levanté el pie del acelerador y vimos con sorpresa unas cuantas castañas desperdigadas.
¡Para, para! - dijo Rodríguez (que era asturiano) - ¡Son castañas!
Todos comprendimos que había que bajar. En 5 kilómetros a la redonda no se veía un alma. Seguramente, alguna furgoneta no llevaba bien controlada la mercancía y se habían caído a la calzada.
El saco no debía de ser muy grande o al menos eso daba a entender porque, la cantidad que se cayó no era excesiva ni tampoco una pequeñez.
Los cuatro nos arreglamos como pudimos para dejar limpia la cuneta y la calzada gracias a unas bolsas de plástico, un cubo pequeño, etc.
Seguidamente, como es natural, empezamos a “catarlas”. Estaban riquísimas. No sé que tienen estas circunstancias que lo que no pagas, lo que te encuentras o lo que te dan inesperadamente, normalmente sabe mejor.
Después de este acontecimiento inusual, reflexionamos sobre el caso:
“Mientras unos se llevan un disgusto por la pérdida de algo, aunque sea de poco valor; otros reciben una alegría”.

miércoles, 1 de abril de 2009

UN PREMIO!

Hoy me he encontrado con la noticia de que he recibido el premio "Blog mágico". Me lo ha concedido Marga, cuyo blog podéis y debéis visitar en esta dirección:



Las condiciones de este premio son las siguientes:

1.- Exhibir la imagen del premio.

2.- Poner el enlace de la persona o personas que te lo ha concedido.

3.- Elegir 15 blogs.

4.- Comunicárselo a los premiados.

Yo paso el relevo y entrego el premio a los siguientes blogs:

domingo, 29 de marzo de 2009

MI EXPERIENCIA EN LA ENSEÑANZA

Cuando era un chaval (18 años), estuve de profesor en el Colegio Fray Luis de León, en Madrid. Me encomendaron la clase de primaria, con 60 alumnos matriculados. El principal objetivo era enseñarles a leer y escribir, pero de vez en cuando hacía más amena la clase dando nociones de geografía, historia, los números, etc…
Hace poco me llevé una alegría en un cóctel que se celebraba en la universidad ESIC, en Pozuelo de Alarcón. Estando con un grupo de amigos, se acercó una persona al grupo y poniendo su mano sobre mis espaldas comentó:
- Esta persona que veis aquí, fue la que me enseñó a leer y a escribir.
Me cayó de sorpresa que, después de haber transcurrido tanto tiempo, alguien me recordar momentos felices de mi juventud. Eso me hizo recordar algunos episodios.
En una ocasión, al comenzar la clase por la tarde, se acercó uno de los padres con su hijo y, mostrando cierta emoción, me dijo:
- ¡No sabe lo contento que estamos mi mujer y yo, con tener a nuestro hijo en el colegio! Estábamos en la comida y en una de las pausas se le ocurrió decir al chico: “Y la tierra tiene dos movimientos: uno de rotación, y otro de traslación”. ¡No puede imaginarse - me decía- el intercambio de miradas entre mi mujer y yo! Me hizo pensar en aquel momento lo que muchas veces hemos oído: “que los chicos son como cera blanda, que tienen un fuerte don de asimilación”.
Este detalle aumentó la fuerza en mi trabajo y me hizo prestar especial atención a esos niños, futuros hombres del mañana. Los años transcurridos en esta experiencia fueron muy positivos y salí del centro con verdadera vocación de educador. Sin embargo, la vida me llevó por otros caminos. En realidad, me quedé con pena de no seguir con esta labor.

sábado, 21 de marzo de 2009

LAS CIRCUNSTANCIAS SON LAS QUE MANDAN

Al entrar en el blog de Zamarat (http://zamarat.blogspot.com/) y leer “INESTABILIDAD”, de Juan José Millás, me ha venido el recuerdo de un acontecimiento que pasó ya hace algún tiempo.

Me encontraba por tierras de León y pasé por un pueblo que, como suele ocurrir, estaba dividido en dos por la carretera. Además, no había mucha anchura. Como buen cumplidor del código, reduje la velocidad según la indicación de tráfico. Era temprano, sobre las 9 de la mañana. En un abrir y cerrar de ojos, vi una gallina que cruzaba, se arrepintió o se asustó y en vez de seguir cruzando, quiso volver al sentido contrario. Podéis imaginaros lo que ocurrió: la dejé herida o muerta; no lo pude comprobar bien por el espejo retrovisor. Como si de una película se tratara vi de inmediato a la pareja de la guardia civil que me esperaba a la orilla de la carretera, con sus tricornios y bien enfundados en su capa. Uno, con la mano levantada, me hacía la señal de stop.
- ¡¡ Ay madre!! ¡¡Ya la he cagao!! - exclamé del susto y del imprevisto - ¿Qué digo yo ahora?
Le di al intermitente y paré cerca de ellos. Ellos quedaron al lado derecho del coche, por lo que mientras ellos se aproximaban, yo me desplacé un poco del volante para abrir la ventana contraria al conductor. Asomó la cabeza uno de los agentes, le saludé y dije a continuación;
- He reducido la velocidad nada más entrar en el pueblo y no he podido evitar el atropello de la gallina…
Y ya no me dejó hablar más y me dijo:
- Por favor, ¿nos puede acercar al pueblo siguiente?
- Sí, hombre, encantado – aunque por dentro todavía me duraba el susto.
Una vez sentados, me dispuse a salir a la carretera con mil ojos, procurando no cometer ninguna infracción.
Durante el trayecto, yo repetía, volviendo al tema de la gallina: ¡No he podido evitarlo!
El agente me contestó: ¡No se preocupe, las gallinas deberían estar en el corral, que es su sitio!
Esto me alivió y volví a tener la serenidad que antes tenía. Les acerqué hasta el pueblo próximo y tan amigos.
Está claro que hay ocasiones en las se suceden una serie de situaciones extrañas y, en ese caso, no queda más remedio que dejarse llevar porque las circunstancias, al fin y al cabo, son las que mandan, igual que en la historia de Millás.

viernes, 13 de marzo de 2009

"NON SCHOLAE, SED VITAE DISCIMUS" (No aprendemos de la escuela, sino de la vida)

A raíz de una entrada sobre el cine que leí en el blog de Kary http://muchokary.blogspot.com/, simpática bloguera de Novelda, me vino a la mente un recuerdo de cuando tenía 10 años y estaba en Melilla.
Cada quince días normalmente mi padre nos llevaba al cine más próximo que teníamos en el barrio. Éramos tres hermanos y una niña que, por aquel entonces, tenía muy pocos años. Sabíamos que nuestro padre disfrutaba un montón cuando nos llevaba al cine. Mi madre se quedaba en casa haciendo labores y cuidando de mi hermana pequeña.

Durante un tiempo, los domingos por la mañana proyectaron en el cine Monumental, que era el más importante por aquel entonces, la película “Blancanieves y los siete enanitos”. Algunas veces me vino la idea de ir a verla yo solo. Hasta que una vez no pude vencer la tentación y me decidí a ir. Me armé de valor; me creía ya todo un hombre. Así que un domingo, después de ir a la misa de la catequesis, anduve hasta el centro de la ciudad, unos cuatro kilómetros.
Es normal que a esa edad no se vaya de paseo, más bien se va de prisa o corriendo. Bajé la escalera del Tesorillo, fui paralelo a la vía del tren, pasé el Hogar de los Ancianos (conocido como “La gota de leche”) y en seguida ya estaba en el centro.
Me puse en la cola para sacar la entrada, que costaba 6o céntimos. La película me gustó, y más por la hazaña que había hecho para verla.
Salí de la sala camino a casa, dándole vueltas a la cabeza pensando cómo iba a responder en el caso de ser interrogado por mis padres: “Les diré que estuve en la calle de abajo, jugando con los compañeros”.
No se me ocurrió otra cosa. Nos sentamos a la mesa para comer y no tardó mucho en oírse la frase;
- ¿Dónde has estado?
Me dio un escalofrío y tardé unos segundos en hablar.
- He estado en la calle de….
No pude terminar la frase, porque mi madre me cortó diciéndome:
- ¡¡Dime la verdad!!
Pasé unos momentos de silencio y no tuve el valor de mentir. Nunca lo he tenido.
- ¡En el cine! – contesté.
Mi padre y mi madre se quedaron mirándose el uno al otro y exclamaron a la vez:
- ¡¡Al cine!!
-¿Con quien has ido? – me preguntó mi madre.
- ¡Solo!
- ¿Cómo que solo? - dijo mi padre levantándose de la mesa y haciendo ademán de sacarse el cinturón.
Mi madre saltó rápida del asiento, diciéndole:
- ¡Déjalo, José! ¿No ves que tu hijo está diciendo la verdad? ¡No debes castigarle!
Se me saltaron las lágrimas al ver la incipiente pelea entre mis padres y porque me sentía culpable por mi mala conducta. Al final, nos tranquilizamos todos y empezamos a comer en un silencio un tanto incómodo.
Ese día aprendí una buena lección difícil de olvidar y es que ahora de mayor, pienso en la verdad de esta sentencia latina: “Non scholae, sed vitae discimus”.


Fachada del cine Monumental de Melilla

jueves, 5 de marzo de 2009

¡¡FUEGO, FUEGO!!

Hace mucho tiempo, tuve que ir en coche de Madrid a Asturias. Por aquellas fechas, el túnel que hoy existe estaba en construcción. Todo el tráfico forzosamente debía de pasar por el puerto Pajares. Al ir es más fácil, ya que uno va subiendo sin apenas darse cuenta a una altura de 1.379 metros. Estaba nevado pero no lo suficiente para que se viera todo blanco. Me quedé extasiado viendo el paisaje: todo un espectáculo de colorido y vida. Existe un fuerte contraste en la vegetación entre la vertiente leonesa y la asturiana.
Cuando acabé la subida, hice un alto en el camino. Después de tomar un cafelito en el Parador, retomé la carretera: comenzaba el descenso. Cuando observé en una de las indicaciones que había un 15% de descenso, me armé de precaución por la cuenta que me traía. Se notaba ostensiblemente el cambio de temperatura. Era un día tristón, con algo de niebla. No puedo olvidar las hermosas vistas de las que estaba gozando.
Llegué a Piedras Blancas y allí necesariamente tuve que repostar. Llevaba un Citröen 2cv. Hice todos los trámites, aproveché para revisar la presión de los neumáticos, el nivel del aceite y … ¡En marcha!
Entré en la plaza de Muros del Nalón, lugar de destino. Cuando paré el vehículo, desde el interior vi que salía humo del motor. Salí rápido, levanté el capot y…¡Horror!
Se veía una llamarada de fuego que me cortaba la respiración. El coche lo había aparcado próximo a una vivienda de la plaza. La puerta estaba abierta, entré con la rapidez que requería el caso exclamando: “¡Agua! ¡Agua!”. Asustada, la dueña al instante me sacó un cubo de metal con agua. Salí disparado hacia el coche con el cubo y desde la acera de enfrente oí una voz que me decía: “¡Nooooooo!”.
Yo, sin ninguna contemplación y sin hacer caso a lo que oía, vertí el agua
en el motor y al instante se apagó la llama.
¿Qué ocurrió?
Los vehículos 2cv, gastaban más aceite del debido, por lo que en previsión había que llevar una lata de aceite de repuesto. La lata, juntamente con el trapo, iba dentro del motor. En la gasolinera no había dejado el trapo lo suficientemente sujeto, de tal forma que en el trayecto se cayó a los manguitos y la tela, con el roce, originó la llamarada.
El susto fue muy grande. Tenía razón “el paisano” que me indicaba que no lo hiciera, porque en estos casos, había que sofocar el fuego con una manta o algo similar ya que con agua se expande más el fuego.

Ese día tuve mucha suerte. Alguien de Arriba me tuvo que proteger.