Mostrando entradas con la etiqueta Anécdotas diarias. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Anécdotas diarias. Mostrar todas las entradas

martes, 24 de febrero de 2015

SOLEDAD

"Cuando se pierde un amor,
en tu visión y en tu mente cambia todo"
Él se quedó solo. Su pareja desapareció un día, sin saber por qué. No tuvo más remedio que vivir confinado entre cuatro paredes, junto a otros ocupas... Pasaron muchos años hasta que encontró de nuevo trabajo. Un propietario llevaba muchos días buscando “mano de obra". Un día, por sorpresa, lo encontró:   
- ¿Qué haces tú aquí?
- Nadie me contrata; estoy solo y ya no sirvo.
- Ya veo que estás solo - contestó el empresario - ¿Qué sabes hacer?
- Muy poca cosa.
  El empresario le dijo:
- ¡Vente conmigo!, que puedo ofrecerte un trabajo fácil de realizar.
Su jefe estaba acostado en un sillón de hemodiálisis: con el brazo extendido y con dos agujas que estaban cumpliendo sus deberes. La mano, debido a la inactividad, se había quedado fría.
El empresario le dijo:
- Ahí tienes tu cometido. Llegó el momento del trabajo. Tu misión es abrigar esos dedos y esa mano ofreciéndoles calor.
Ahora él, todo contento, un poco viejo y arrugado, se siente útil y es objeto de algunas miradas. Después de tanto tiempo, ve recompensado su trabajo.  
  

 

sábado, 15 de junio de 2013

FUI..."CAZADO"

                             
Existen documentales muy bien conseguidos que nos muestran la defensa y la conservación de los animales. Me impresiona mucho ver cómo todos luchan por la supervivencia. En uno de ellos, un oso estaba en un riachuelo cerca de una pequeña cascada en espera de su presa; estaba pendiente y aprovechaba los saltos de los peces para pescarlos al vuelo, simplemente con abrir la boca. El parangón no es muy adecuado, pero yo me siento identificado con ese pez, porque en cierta manera yo fui una presa fácil, un distraído, un despistado.
Volviendo a casa después de un agradable paseo, se me acercó un joven con acento extranjero  que insistía en que firmara un papel para una causa de discapacitados. Este truco es muy conocido y no era ésta la primera vez que me encontraba con este caso.. Desde el primer momento le dije que no,  que ese papel era falso, que eso era una estafa. Pero él insistía:
- ¡Firme, por favor! ¡Firme, por favor!
- ¡Te he dicho que no! ¡ No seas pesado!
Esto sucedía mientras iba caminando, porque yo desde el primer momento quise quitármelo de encima. Él se puso a la izquierda y pegado a mi bandolera, que llevaba en ese mismo lado. Con la mano izquierda me ponía la carpeta azul con el papel para firmar; mientras que, como comprendí más tarde,  con la mano derecha hurgaba en la bandolera. Me dejó cuando él ya había conseguido su objetivo. Al dejarme solo, empecé a pensar en esas personas necesitadas que pasan hambre y en lo injusta que es la vida. Cuando llegué a casa se me iluminó la mente y exclamé:
¡¡La cartera!!
Me dirigí al lugar donde había dejado la bandolera, metí la mano y, efectivamente, no estaba. ¡Había sufrido un atraco! ¡Había sido cazado!
Me temblaron los piernas y se me nubló la vista. Inmediatamente puse en jaque, con voz temblorosa, a mi mujer, a mi hija, a mi yerno y hasta al nieto, que acaba de cumplir cinco meses. Todos se contagiaron del malestar. Dedicamos toda la tarde para denunciar el hecho en Comisaría. Lo más importante era el carnet de identidad, el de conducir, la tarjeta de mi invalidez, el abono trasporte y los veinte euros que llevaba. No recé a San Antonio, pero pienso que en todo momento estuvo a mi lado. Al atardecer oí el telefonillo de mi casa preguntando por mí. Era un señora con su hija: se habían encontrado la cartera relativamente cerca de donde me la habían quitado y venían a entregármela. En la cartera faltaba el dinero y el abono trasporte ¡Lógico! Afortunadamente, dentro del daño, doy las gracias porque recuperé la documentación.
“La vida es esperanza, nunca la pierdas”

jueves, 18 de abril de 2013

EL ZAPATO

El verano pasado fuimos a Gandía mi hija, su pareja, Marisol, el perro y yo. Entre el sol, la arena, el agua, andar por sus calles, pasear por las noches a la orilla de la playa, los chiringuitos, las tapas..., pasamos unos días muy buenos que, como siempre ocurre, se nos hicieron cortos. 
Transcurridos los días establecidos, tomamos la maletas con dirección al parking. Normalmente yo me siento al lado del conductor pero esta vez, como mi hija estaba embarazada, tuve que ocupar el sitio trasero detrás del conductor. Cuando entro en el coche lo primero que hago es sentarme y después, ayudado por las manos, meto primero la pierna buena  y después la otra, que es donde tengo la prótesis y un alza en el zapato. Así que, una vez terminada la operación y colocado el cinturón de seguridad, iniciamos la marcha.  Con un poco de morriña nos pusimos en camino; el momento era propicio para dar algunas cabezadas por lo que no pude evitar echar una siestecita.
Pasadas unas horas, llegó el momento de hacer la parada de rigor para descansar un poco y tomar algo. Con mi pierna izquierda empecé a tantear para calzarme el zapato. Al ver que no lo conseguía, les dije a mis compañeros de viaje que posiblemente el zapato se había desplazado hacia los pies del conductor. Cuando nos bajamos, mi hija se prestó solícita a cogerlo, pero no lo encontró. Así que le dijo a mi yerno que lo buscase él, que ella no podía. El conductor corrió el asiento, miró arriba y abajo, derecha e izquierda pero no apareció. Nos miramos todos, menos el perro, y comprendimos lo sucedido. Nos echamos a reír por unanimidad a carcajada limpia; el sector femenino incluso con lágrimas. Mi pierna, con escasa sensibilidad, no se percató de que al subir al coche el calzado había tropezado con la puerta y había caído al suelo. Adiós zapato.
Continuaron las risas mientras íbamos al restaurante. A mi hija, se le ocurrió decirme en un latín macarrónico una frase que yo le había enseñado cuando era pequeña: “ Manduco flumen de te”
 
 
 

martes, 19 de marzo de 2013

LA LATA DE COCA-COLA


Como todos los días y por recomendación del médico, salí por la mañana a andar y, de paso, a comprar el pan. Me encontré con un vecino y al decirle que iba a comprarlo comenzamos a hablar sobre el pan. Él es de la provincia de León y me comentaba lo bueno que es el pan de su tierra. También comentamos lo ricas que están las fabes de Asturias, de donde es su mujer. A nuestro lado había un grupo de chavales de un colegio cercano que habían salido al recreo. Uno de ellos, al terminar de beber la coca-cola, tiró la lata a la papelera queriendo “encestar,” con tan mala fortuna que pegó en el bordillo de la papelera y la lata saltó a la calzada, que no suele estar muy transitada porque únicamente lleva a una plaza. Mi amigo y yo nos quedamos viendo al grupo, que permanecía inmóvil. Miré hacia ellos sin mostrar cara de enfado, dejé a mi amigo y me dirigí a la lata, me agaché apoyado en el bastón, cogí la lata con dificultad y la deposité en la papelera. Algunos del grupo aplaudieron y otros levantaron el dedo pulgar en señal de aprobación. Me dirigí hacia ellos tranquilamente y les dije: Nunca olvidéis que: “No aprendemos de la escuela, sino de la vida”.
El culpable bajó la cabeza reconociendo su mala actuación.

“ No se puede enseñar nada a un hombre; solo se le puede ayudar a encontrar la respuesta dentro de sí mismo “
(Galileo Galilei)