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miércoles, 4 de noviembre de 2015

LA FOTOGRAFÍA

Recuerdo que de pequeño mis padres nos llevaban al parque paseando y aprovechábamos para hacernos una fotografía. El fotógrafo, detrás de un trípode con una caja de madera encima y cubierta con un pañuelo negro, se tapaba la cabeza y, con una perilla unida a un cable disparaba con un fogonazo. ¡Zas! Foto conseguida. Después había que esperar un poco al revelado. Nosotros le llamábamos "el retratista".
La ciencia va avanzando con mucha rapidez: la medicina, los automóviles, las fotos, etc… En artes gráficas existían puestos de trabajo para los linotipistas, cajistas, fotomontaje, pasado de planchas... Hoy en día, el ordenador se ha apoderado de todos estos trabajos, por lo que muchos de ellos han desaparecido.   
Cuando cogemos la caja donde guardamos las fotos, ya sean pequeñas o grandes, modernas o antiguas, volvemos a vivir dos veces. Si son fotos de grupo, hace ilusión verlas acompañado, porque entre unos y otros nos ayudamos a recordar anécdotas y momentos olvidados. A mí me hace ilusión ver y sentir las fotos familiares, después de tanto tiempo.
En mi vida, la fotografía me ha acompañado siempre. Comencé desde pequeño, con las fotos familiares en el parque y después, de joven, me aficioné a hacerlas. Tomaba fotos allí donde iba para después revelarlas y compartirlas con sus protagonistas.  
Una vez fui a visitar a una familia  a Renedo de Valderaduey (León). Tenían un bebé de varios meses y, según mi costumbre, le hice una foto. Después se la envié por correo a sus padres pero su contestación me dejó helado: el niño había fallecido después de una enfermedad y esa era la única foto que tenían de él. Nunca se me olvidará esta triste historia.    
Después, mi carrera profesional estuvo muy relacionada con la fotografía, pues trabajé en Artes Gráficas, en concreto en fotocomposición. Y por ultimo, cuando me jubilé, me encargaba de hacer las fotos como voluntario en la Asociación Club Amigos. Así pues, está claro que la fotografía ha tenido un papel muy importante en mi vida.    
Esta es una foto de mi familia en 1944. Fue realizada en la Feria de Melilla, por eso estamos disfrazados. De ella, ya solo quedamos dos, porque mi hermano pequeño aún no había nacido cuando la hicimos.

sábado, 4 de julio de 2015

OCHO APELLIDOS VASCOS O DOCE...

Hace tiempo vi esta película y realmente pasé momentos agradables. Es de admirar la unión que hace el director entre dos comunidades distintas: la vasca y la andaluza, en medio del buen humor y riéndose de los tópicos. Y lo que también cuenta es el bajo presupuesto que se ha invertido en ella.
Cuando uno se siente octogenario y la mente todavía está en funciones, los recuerdos son variados y de muchas épocas. A raíz de ver esta película me ha venido a la mente la idea de saber cuántos apellidos vascos (y navarros) se han cruzado de una forma u otra en la trayectoria de mi vida. Recuerdo con gran cariño los años pasados en Navarra y esta entrada no es más que, en definitiva, un paseo por la memoria de aquellos que me acompañaron.
He aquí el resultado:
URBIETA……... (compañero)            ZUBIZARRETA…(compañero)
OROQUIETA......(compañero)            PLAZAOLA……..(alumno
ALZUETA…,,,,.. (compañero)            AZPILICUETA….(alumno)
ABERÁSTURI... (alumno)                  MACHINEA…….(compañero)
ARMENDARIZ.. (compañero)            OCHOA………….(alumno)
BALEZTENA      (compañero)            LABAYEN..........   (profesor)

Así que, cuento con 12 APELLIDOS VASCOS. Es posible que alguno haya quedado en el aire, casi seguro, y sean algunos más...

Como anécdota, recuerdo que en el Colegio Fray Luis de León (Madrid), con motivo de su 50 aniversario, se publicó una revista en la que entrevistaron al periodista Andrés Aberasturi  y él mencionaba su paso por el colegio nombrando algunos apellidos, entre ellos el mío. Cuando él tenía 10 u 11 años y yo unos veintipocos, le di clase de solfeo. Ya hace mucho tiempo de eso, pero me hizo ilusión que lo recordara.
“Poder disfrutar de los recuerdos de la vida, es vivir dos veces”
(Marco Valerio)

jueves, 14 de mayo de 2015

UN PASEO POR LOS CASTILLOS

En San José de Valderas (Alcorcón) hay unos castillos desde el año 1917. Actualmente es un lugar dedicado a bodas, exposiciones y ocio.
Un día, cuando era pequeña, llevé a dar un paseo a mi hija y a sus primos a este lugar tan emblemático en un vehículo Citroën 2cv que tenía una carrocería distinta a los demás, imitando a un modelo antiguo. Fueron momentos de emoción y entusiasmo porque al ser un coche tan original íbamos llamando la atención de vecinos y transeúntes.
El auto era de mi hermano Luis, que es un experto en ventas y lo vio en una feria del automóvil; pensó que sería ideal para realizar su propaganda, pedidos y entrega de productos de su empresa. Fue un éxito.
Ese día, cuando llegamos a casa, oí la voz de mi hija que me decía:
Papá, ¿cuándo es la próxima excursión?
La vida es bella y corta. Debemos disfrutarla.

jueves, 16 de abril de 2015

LA NORIA

De pequeño me gustaba trastear en la carpintería; mi padre disfrutaba viéndome a su lado y  yo le preguntaba los nombres que tenían algunas herramientas (todavía me acuerdo de algunas): escofina. serrucho, garlopa, cepillo, formón, sargento, berbiquí, guillame, barrena, etc. Él me enseñaba con alegría y como un gran maestro.
Tendría 9 ó 10 años cuando me vino a la cabeza la idea de hacer una noria, con la ayuda de mi padre, claro. Me preparó unas “maderillas”, como él decía, un soporte, unos palos que irían perpendiculares, unos listoncillos que irían en forma de cruz y que servirían para enganchar los cuatro canjilones y un alambre grueso para hacer la manivela y así poner la noria en movimiento. A mi modo de ver una obra de arte, con la que yo estaba muy orgulloso.
Terminada la noria, yo estaba entretenido dándole vueltas, jugando solo y vinieron mi hermana Maribel y su amiga Alicia (que es la que me ha recordado esta anécdota) con sus muñecos y me pidieron que los montara. Yo les dije que sí, pero que tendrían que hacer como en la feria: había que pagar.
Ellas estuvieron de acuerdo con las condiciones: dos vueltas, una perra chica; cinco vueltas, una perra gorda.
Mis padres, que vieron este gesto, se miraron, y posiblemente pensaron:
- ¡Este chico va a valer para el negocio!
Cosas de chiquillos, pero he de confesar que de negocios, al final…, nada.
"Poder echar la vista atrás y ver la vida propia con satisfacción es vivir dos veces" ( Jalil  Gibran)

martes, 30 de septiembre de 2014

YA TE DIGO...

Al pasarme por el blog de Josefa leí una anécdota sobre unas gallinas que tenía en su casa y me vino a la cabeza un recuerdo de mi niñez.
Mi padre era carpintero y tenía en el patio, medio cubierto, una pequeña carpintería donde realizaba sus trabajos: los vecinos le llevaban para arreglar, sillas, mesas, etc...
Un amigo, agradecido por un trabajo que mi padre no quiso cobrar, se presentó en casa con un conejo que compró en el mercado. Mi padre, que era muy ingenioso, fabricó en un rincón del taller, con listones y tablas, una pequeña cabaña a modo de madriguera, de tal forma que no se veía el fondo. El conejo salía de vez en cuando para alimentarse.
Pasó cierto tiempo y llegó la celebración de un cumpleaños por lo que se pensó en sacrificar a nuestro conejo. Me acuerdo  de que mi padre nos aconsejó que no presenciáramos la escena pero hicimos caso omiso porque sentíamos cierta curiosidad y, a escondidas, observamos lo que nunca habíamos visto. Nos impresionó mucho a mis hermanos y a mi . Fue un momento que no pudimos olvidar.  
Pasaron unos dos días cuando, estando yo en la carpintería, observé que salía de la madriguera un conejito que era una monada. Corriendo fui a la cocina, donde estaba mi madre. 
- ¡Mamá , mamá ….! - grité radiante de alegría.- He visto entre las maderas un conejillo muy pequeño.
Mi madre, que no se lo podía creer, me acompañó hasta el lugar indicado y esperamos a que saliera. Llegó el momento y ¡oh sorpresa!: no era uno, sino tres. El animal que habíamos sacrificado era una hembra.
Nos entró una gran alegría aunque después recordamos lo que habíamos hecho y pasamos un momento muy malo y muy triste. Habíamos dejado huérfanos a los pobres conejitos.

martes, 29 de julio de 2014

GANÓ LA LIEBRE

Hoy voy a contar una historia que me ocurrió hace ya bastantes  años. Era el mes de agosto y mi hermano y su mujer, que vivían en Lyon, planearon ir de vacaciones a Melilla con su hija de pocos meses para que la conocieran sus abuelos.
Me ofrecí a llevarlos en coche cruzando España, desde Portbou a Almería, con un Cittröen 2 CV (6 voltios), que fue uno de los primeros coches de esta gama que salieron al mercado y del que se decía (en plan humorístico) que consumía como un mechero. Me estoy remontando a los años 60.
El tren llegó desde Lyon a Portbou a su hora, sobre las ocho de la mañana y allí estaba yo en la estación esperándolos. Al vernos comenzaron los abrazos, besos y demás y, una vez realizado el traslado de bultos y bien acomodados, comenzamos nuestra andadura. 
Cada 200 kilómetros aproximadamente, como es aconsejable, parábamos para descansar y tomar un refrigerio. 
Una de la paradas fue en Guadix (Granada) para hacer una visita a un amigo, que nos acompañó a visitar una de las famosas cuevas trogloditas que existen por esas tierras. Quedamos sorprendidos al ver este tipo de viviendas, tan bonito, sencillo y tan primitivo.
Al entrar en la provincia de Almería y pasado Canjáyar con dirección a Fondón (que era nuestro destino), necesariamente tuvimos que pasar por una carretera en malas condiciones, sin asfaltar y con muchas curvas. Se nos cruzó una liebre y se quedó quieta mirando los focos del coche como aturdida.

Con rapidez, hice el juego de luces: largas y cortas. Mi hermano abrió la puerta y salió corriendo tras ella... Yo, avanzando hacia delante, puse el coche a la mínima velocidad mientas la liebre, asustada, entraba y salía de la cuneta totalmente desorientada. Estuvimos mucho tiempo en ello, hasta que desistimos del intento. Mi hermano tuvo que regresar al coche decepcionado, sudando y con la lengua fuera. Yo le miraba con cierta contrariedad pero al cruzar nuestras miradas nos echamos a reír un buen rato. 
¡Qué pena que no pudimos presentarnos en casa de mi hermana, con ese pequeño trofeo!
Este acontecimiento me ha recordado al asceta y escritor San Juan de la Cruz que, en uno de sus muchos poemas refiriéndose al amor de Dios, decía:
                         “Tras de un amoroso lance
                          y  no de esperanza falto,
                          volé tan alto, tan alto
                          que le di caza al alcance“.
Nosotros, de alguna forma “metafórica“, también volamos alto, pero no tuvimos la fortuna de dar caza al alcance. 

martes, 28 de enero de 2014

¡¡¡CHUTA, MANRIQUE!!!

En mis tiempos mozos, los jueves y sábados por la tarde jugábamos al fútbol en el campo que el colegio tiene en Salamanca. Algunos colegios organizaron una liguilla de fútbol que estuvo en vigor dos o tres años. Los encuentros se iban sucediendo con la afición en aumento y la emoción iba de menos a más a medida que la liga iba avanzando.
Yo jugaba de extremo derecho, que era el puesto que siempre me ha gustado. Me ponía un pañuelo anudado en la cabeza para recogerme el pelo (que antes tenía) y para secarme el sudor. No destacaba, pero me gustaba mucho jugar.
Recuerdo un partido especialmente reñido en el que mi portero lanzó el balón en profundidad y cayó a mis pies. Oí una voz del delantero centro que me decía:
"¡¡Chuta, Manrique!!"
 
Miré y coloqué el balón en la cabeza de mi compañero. Al instante oí gritar con entusiasmo: 
"¡¡Goool !!¡¡Goool!!"
Fue una gran emoción para el equipo y sobre todo para mí, que en ese momento me sentí como un líder... No hubo más goles en el partido y finalmente, con mucho sudor, conseguimos el triunfo.
Este hecho sucedió hacia los años 60. Sin embargo, hace unos años me volvió a suceder lo mismo pero con otra modalidad. Estaba jugando al fútbol y oí decir:
¡¡Chuta, Manrique!! 
Y lo hice, pero no oí el ¡gol! de alegría, sino unos ¡¡ay!!¡¡ay!! dolorosos que salían de la boca de mi mujer, quejándose de su pierna. En ese momento no le hizo gracia, pero se ha convertido en una anécdota que contamos una y otra vez en las reuniones familiares. 
“Es importante que el hombre sueñe, pero lo es igualmente que pueda reírse de sus sueños” ( Lin Yutang )

viernes, 26 de julio de 2013

EN EL DÍA DE LA ABUELA

Hoy, hablaré de la mía: Isabel, nacida en Fondón (Almería), su pueblo. Una persona respetuosa, atenta,  distinguida por su conducta y sus atenciones.
En la vida hay cuatro categorías de personas: excelentes, muy buenas, buenas y del montón. Mi abuela perteneció a la categoría de las excelentes; era una santa. No le importaba la distancia que hubiera desde su casa a la parroquia para que todos los días se comprometiera a participar en la Eucaristía, de donde sacaba fuerzas para vivir el día a día y alegrando a su vez a todos los que la rodeaban. Ya su propio nombre, de origen hebreo, lo indica: consagrada a Dios, que ama a Dios.
Tuvo cuatro hijos: Isabel, Gabriel, Francisco y Antonio.
Corrían malos tiempos y ella pensó que desplazándose a Melilla, que era una Plaza Militar, tendría más posibilidades para encontrar trabajo.
Isabel, mi madre, crió a cinco hijos y además tuvo una mercería. 
Gabriel hizo oposiciones y se colocó en el Instituto Nacional de Previsión.
Antonio se fue al seminario de Puente la Reina (Navarra) y, pasado el tiempo, se ordenó sacerdote en Valencia.
Francisco murió en Madrid durante la Guerra Civil. Mi abuela siguió percibiendo el subsidio seis meses después de haber muerto pero no se lo quedó: lo ingresó en una cuenta para que sirviese para otros combatientes.  
En sus últimos años le vino una trombosis que le afectó a la parte derecha de su cuerpo, exceptuando la cabeza. En su invalidez, tuvo la fuerza de voluntad de aprender a escribir con la mano izquierda y de esta forma todos los meses se ponía en contacto con su hijo sacerdote.
Con todo se conformaba. Con frecuencia repetía una jaculatoria. ¡Dios mío hágase tu santa voluntad!¡El Señor me ha enviado esta enfermedad, bendito Sea!
 


 

martes, 30 de abril de 2013

FRANCISCO

Hace mucho tiempo un matrimonio esperaba un hijo. Como es normal, pensaron en el nombre que le pondrían. Tanto ella como él tenían un hermano que se llamaba Francisco, aunque a uno de ellos le llamaban "Frasquito". No hubo oposición, lo vieron claro: "El niño se llamará Francisco, igual que sus tíos."
Ya “salido del cascarón” desde el primer momento empezaron a llamarle Paquito y a base de repetirlo tantas veces, según iba creciendo, entendí que ese Paquito era yo. Mi padre me llamó así hasta los 97 años que fueron los que la naturaleza le concedió. También mi madre me llamaba Paquito y cuando vio que me salía el bigote lo cambió por Paco. Y así me llamaron la familia y los compañeros del barrio. Últimamente mi mujer y algunos miembros de la familia también me llaman Paquito. Recuerdo la gracia que nos hacía cuando mi hija era pequeña y en vez de decir "mi padre" cuando se refería a mí, decía "Paco". 
El humorista y cantante Emilio el Moro (que era mi vecino y formaba parte de los mozos del barrio y del que hablé aquí), antes de subir a las tablas, con su humor característico (nunca se me ha olvidado) me llamaba “Paculi”.
Cuando llegué al colegio, los profesores, tal vez por evitar confusiones o por coincidir con el conocido poeta Jorge Manrique, cambiaron el apellido por el nombre, de modo que pasaron a llamarme "Manrique". A decir verdad, me agrada este apellido que procede de noble linaje y que en el escudo de armas lleva como lema “Nos non venimos de reyes, que reyes vienen de nos”. También soy conocido por "Manrique" en la asociación de tiempo libre para personas con discapacidad Club Amigos, en la que entré a colaborar cuando me jubilé. En ella está Francisco González Chozas, un voluntario al que tengo mucho aprecio y al que allí siempre han llamado Paco así que al entrar yo preferí que me llamasen Manrique para evitar confusiones.  
Últimamente he tenido que pisar clínicas y hospitales y aquí he empezado a oír Francisco para arriba, Francisco para abajo y lo cierto es que me extraña que me llamen así, aunque al mismo tiempo me resulta agradable.
Siempre he tenido gran fe en mi Santo Patrón, que en germano significa “Hombre de Dios”. San Francisco es considerado como el santo más popular y antiguo, por su amor a la naturaleza, especialmente para los animales, lo que le ha servido para ser considerado el patrón de la ecología. Él dijo: “Cualquier animal, golpeado, abandonado, enjaulado o encadenado, sufre y solo nosotros podemos ayudarle”.



miércoles, 28 de julio de 2010

NO SE FUE MI AMIGO, NO

El día 31 de julio del año pasado falleció mi amigo Bonifacio, Boni según le llamábamos. No puedo olvidar su forma de ser, su entusiasmo, entrega y su don de gentes. Cuando hablaba de la enseñanza él siempre decía que le gustaba y que era su vocación. Y realmente así sucedió. Toda su vida la dedicó a la enseñanza. Los alumnos le apreciaban por su convivencia, por sus buenos consejos y por su dedicación.
Coincidí con él en diversos sitios: uno de ellos fue el colegio de Venta de Baños. Allí organizó entre los alumnos el concurso “Los Mejores”, que llegó a tener un nivel muy alto no solamente en el colegio sino también fuera de él. ¡Cómo vivíamos esos momentos de enfrentamiento cultural, con las preguntas y respuestas y con los “sketchs” cómicos con los hermanos Riestra, que se convirtieron en unos auténticos humoristas gracias al apoyo que él les daba en los ensayos. El salón de actos siempre estaba muy concurrido por los padres de los alumnos y amigos del colegio, con la certeza de que iban a pasar unos momentos muy gratificantes.
También coincidimos en Salamanca cuando éramos estudiantes. En un teatro de la ciudad se representó “El condenado por desconfiado” y él fue el protagonista principal cautivando al público con una acertada interpretación.
Ya hace un año que no pudo vencer la enfermedad. No se me fue un amigo; simplemente se me adelantó, porque para allá vamos todos.

sábado, 22 de mayo de 2010

LA MAGIA DEL FÚTBOL

En tiempos de mi niñez teníamos una afición muy grande por el fútbol y todo lo que éste implicaba: jugar, ver partidos, coleccionar cromos... Era verdadera pasión por completar el álbum que previamente nos habían comprado nuestros padres. El que conseguía terminarlo, se consideraba muy afortunado. Esta costumbre no se ha perdido: basta con ir un domingo al rastro y ver a los chavales (y ahora también las chicas) haciendo gestiones para el intercambio o venta. Las editoriales, con la misma picardía de entonces, procuran retardar la aparición de las figuras más famosas para darle más emoción a los coleccionistas. Me acuerdo de que, en su día, todos los chicos del barrio preguntábamos por Epi, Amadeo Mundo, Asensi y Gorostiza, que formaban la “delantera eléctrica”del Valencia.
Los domingos que había partido en el campo de Fútbol Calvo Sotelo de Melilla nos juntábamos la pandilla para poder entrar gratis. Nos poníamos más guapos, nos separábamos del grupo, un poco alejados de la entrada y cuando veíamos alguna persona o matrimonio, nos acercábamos a ella, poníamos cara de pena y le pedíamos por favor que nos agarrara de la mano como si fuéramos de la familia y así poder entrar gratis. En aquellos tiempos, los niños no pagaban el billete.
Una vez dentro, le dábamos las gracias a nuestro cómplice y nos volvíamos a reunir los amigos. Esto de estar en grupo dentro del campo originó cierto mosqueo por parte de algún vigilante por lo que, visto el mal resultado, cambiamos de táctica y nos quedamos cerca de la persona que nos había ayudado a entrar.
¡ No sé qué clase de gancho tienen el fútbol y la fe que en él ponemos. que desde muy antiguo es tan seguido y practicado por pequeños y por mayores!
“El fútbol es la única religión que no tiene ateos”

sábado, 3 de abril de 2010

PARLEZ VOUS FRANÇAIS?

Estuve unos días en Lyon con la idea de ver a mi hermano y familia. Se me ocurrió la idea de practicar un poco el idioma francés.
Es curiosa la extrañeza que uno siente al estar fuera de su tierra, en otro país distinto. Di una vuelta por el mercadillo y todo me llamaba la atención. En el puesto donde había discos (todavía no habían salido los CDS) vi uno de sevillanas. Con gestos pude conseguir que me pusieran el LP para oírlo, con el fín de que alguna persona española se me acercara y cambiar impresiones en español. No se me acercó nadie.
Con un manual de francés - castellano que aún conservo, titulado “¿Quiere Ud. saber francés en 10 días?” me dispuse a practicar la lengua gala. ¡Qué más quisiera uno que aprender una lengua en tan poco tiempo!
Repasé algunas frases triviales antes de lanzarme a la calle. Pensé en preguntar dónde estaba la oficina de correos.
Yo sabía donde estaba situada y adrede, me puse en el sentido contrario, para observar qué explicación me daba un caballero que venía de frente. Leyendo, más bien deletreando, le dije:
- Pardon, ¿pouvez-vous me dire si je sui très loin de la poste?
- Non, monsieur, la troasième rue à gauche.- me contestó.
Más tarde esta misma pregunta se le hice a un joven; también muy atento me
indicó el lugar.
Me acerqué a otra persona ya mayor, con gorra y garrota en mano y le pregunté por la estación de tren:
-Pardon,¿pouvez-vous me dire si je sui très loin de la Gare?
Al decir esta palabra, le faltó tiempo al buen señor para hacer gesticulaciones con la boca y las manos enseñándome a pronunciar la palabra. Fue muy insistente y todo su empeño era que yo pronunciara como si fuese un nativo.
Dije en mi interior: “¡Hay que ver, lo detallista que es esta persona!”.
Me despedí diciendo: “¡Je vous remercie bien! ¡Se lo agradezco mucho!”

viernes, 5 de marzo de 2010

CARACOLES


- Tío, ¿te vienes a buscar caracoles con nosotros? -me dijo mi sobrino Paco.
Me pilló de sorpresa, pero no tardé mucho en decir que sí.
-Es por la noche: así que tendrás que estar preparado para no dormir.
- ¡No te preocupes! - le contesté.
La noche era propicia para ello según oí decir a los entendidos, aunque no era la época de caracoles. Los mejores son los que se cogen en abril, como dice el refranero español: “Los caracoles en abril, para mí. Los de mayo para mi amo. Y los de junio para ninguno”.
Mi sobrino me dio una lata de conserva para ir guardándolos y una linterna; lo mismo hizo con los demás del grupo.
Empezó el trabajo o mejor, el entretenimiento. Observé enseguida que, mientras mi sobrino (un experto en la materia) tenía diez caracoles en su haber, en mi lata sólo había dos. Pronto noté algo raro en los riñones y cada vez me costaba más el agacharme: tuve que guardar mi postura física, hasta que llegó el momento en que me convertí en un acompañante o más bien un turista nocturno con linterna en mano. Eso sí, hacía un fresquito muy saludable y la presencia de la luna fue un placer para la vista.
Fue una experiencia positiva, pero nunca más llegué a ofrecerme para esta labor. ¡Nunca he sido lo que se dice un hombre de campo!

jueves, 18 de febrero de 2010

EMILIO EL MORO


Vivíamos en la misma calle, en Melilla, uno frente a otro. No llegué a compartir juegos con él, porque era unos años mayor que yo: era uno de los mozos a los que nosotros, niños aún, admirábamos.
En su familia eran muchos hermanos y los mayores empezaron a trabajar juntamente con su padre en la rama de la pintura. Siendo muy pequeño ya era pintor de brocha gorda.
En los ratos libres Emilio, junto a sus hermanos, comenzó a tocar la guitarra, que se oía en toda la calle. A los 15 años ya ganó un concurso en la ciudad, cantando flamencos y soleares. Se presentó con la canción “La niña de fuego”cantándola con acento marroquí. Después se fue a Madrid con una barba postiza, chilaba, babuchas y fez rojo (gorro clásico moruno). Más tarde, cuando adquirió fama, se vistió de paisano sin dejar su ya típico gorro. Interpretó todos los éxito de la música de su tiempo, medio en serio medio en guasa. Su estilo resultó novedoso. No había otro que le igualara en su género.
Es de admirar el mérito de esta persona que sin haber aprendido música, hacía sonar la guitarra colocándola sobre su espalda. Salió adelante, ayudando a su familia y haciéndose querer por todos. Fue una persona con una gran filosofía de la vida.
Una vez coincidimos en Madrid. Me ofreció unas entradas para asistir a su espectáculo “Congreso del Humor”, que se celebraba en la explanada de la Plaza las Ventas, donde tenía montada la carpa. Un compañero y yo fuimos a verle. Me llamó la atención el orden y la precisión que ponía en los más mínimos detalles para que todo saliera bien.
Sus últimos años los pasó, en su mayor parte, en su casa de campo que tenía en Orito (Alicante). Su segundo hijo cursó estudios en el colegio Dehón de Novelda, y por ello tuvimos la suerte de verle en alguna que otra fiesta en el salón de actos del colegio, donde entretuvo a alumnos y profesores con sus chistes y parodias.
Murió en Orito en el 87, en un desafortunado accidente por una explosión de gas.
Al hacer esta entrada, siento que le estoy dando un fuerte abrazo, tal y como hice la última vez que le vi.
¡Que allá donde esté, alegre a todos con sus canciones y parodias!
Os dejo la dirección de un video, por si tenéis tiempo y queréis pasar un buen rato:






Como buen melillense, pongo aquí también la letra de una canción que, al igual que otros cantantes, dedicó a nuestra tierra:


VIVA MELILLA
Cómo me acuerdo de ti
ay barquito melilllero
como me acuerdo de ti
vine a España sin dinero
y camuflado en un botiquín
con la bata de un barbero

En toa el África del norte
no hay un pueblo como el mío.
Se llama Melilla solo
no le hace falta apellio
Entre pitas y chumberas,
carne de borrego y lana
mi pueblo es lo más bonito
de toda la costa africana

Ay cuando la luna clara
ay brilla en el mundo,
brilla en el mundo
son estrellitas rojas
son estrellitas rojas
los higos chumbos,
los higos chumbos
los higos chumbos, que cogemos allí
sin guantes uno por uno.

Como tú no existen dos
¡ay monte del Gurugú!
Tus castillos son dos jorobas
parecen desde Nador

Desde Melilla a Frajana
hay cuatro leguas
vente niña mañana
con la merienda
Yo pongo el agua,
pongo el camello
yo vendré en la joroba
y tú en el cuello
llevan las olas
y hasta la orilla
un letrero que dice
“Viva Melilla”

jueves, 4 de febrero de 2010

EL CHICHÓN


No es la primera vez que cuento aquí alguna anécdota sobre percances de tráfico. No es que haya sido un loco al volante, pero reconozco que hubo unos años, cuando era joven, en los tuve algún que otro problemilla con el coche o con la moto. Hoy quiero contar uno de ellos.
Hacia los años 60, estando en Alba de Tormes (Salamanca) cogí el coche para dar una vuelta y hacer prácticas. Hacía más de un mes que me había sacado el carnet y tenía muchas ganas de conducir, algo normal en estos casos.
Teníamos una furgoneta opel antigua. Salí después de comer y cogí la carretera en dirección a Galinduste. Estaba sin asfaltar. Por las proximidades de Éjeme vi una recta muy pronunciada y dije: ¡Esta es la mía!
Apreté el acelerador y como noté que se lanzaba mucho, frené bruscamente (mal hecho). En poco tiempo me vi envuelto en una nube de polvo y a mi alrededor, las cosas que llevaba en la guantera. ¡Una verdadera catástrofe! Tuvieron que ser por lo menos cinco o seis vueltas de campana. Gracias a Dios no hubo árboles por medio, ni coches que vinieran de frente.
Llegué al colegio por mi propio pie. Los compañeros, asustados, me preguntaban: "¿Cómo ha sucedido?" "¿Qué te ha pasado?".
Yo sólo dije: "¡Nada, ha sido falta de pericia!"
Se hizo de noche y me metí en la cama con el susto en el cuerpo. Me vino a la memoria el cántico latino: “En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu…..” y añadí para mi interior: ¡y mi pellejo! Dicho esto, me di media vuelta, me llevé la mano a la cabeza y ¡oh, sorpresa!: tropecé con un gran chichón, que ahí estaba, dando testimonio, “¡tan calladico!”.

martes, 8 de diciembre de 2009

CONTRARIEDADES

¡¡Plafff!! …
-¡Manrique! ¿Qué ha sido eso? - me dijo mi amigo, Fco. Asenjo, que venía acompañándome de copiloto en el vehículo Dyanne 6.
Inmediatamente levanté el pie del acelerador y me fui a un lado de la calzada. Una piedra había golpeado en la luneta delantera y se había hecho añicos. Así, imposible caminar muy lejos.
Habíamos salido de Madrid hacia Novelda (Alicante) y estábamos a la altura de Pedroñeras, de la provincia de Cuenca.
Muy despacio y conduciendo por el lateral derecho pudimos llegar al concesionario Citröen, que estaba en la Roda. Tuvimos que esperar un poco porque tenían que pedir la luneta a Albacete. Mientras tanto, nos ocupamos en desalojar todo el equipaje que llevábamos en el coche e incluso los asientos. ¡Aquí se armó!: mi compañero y yo empezamos por las maletas magia, tebeos, gorro moruno, laboratorio fotográfico, maletas, caja de herramientas…
Los dos mecánicos, que estaban viendo la operación no salían de su asombro al ver tanto bulto. Por más aspiradora que pasamos no paraban de salir trocitos de cristal por todas partes. Después de pasar cierto tiempo, aún en el habitáculo quedaban restos de la luneta. Es terrible cuando pasa una cosa así. Ahora han cambiado mucho las cosas: las lunetas vienen mejor preparadas y al recibir el golpe se agrietan y no se desmenuzan en trozos.
El episodio de la luneta nos acarreó una pérdida de tiempo con la que no contábamos.
No olvidemos que las contrariedades forman parte de la vida

sábado, 7 de noviembre de 2009

¡QUÉ SUSTO!


El fin de semana pasado, muchas personas celebraron Halloween. Esto me hizo recordar una anécdota que me ocurrió hace unos años.
Un verano estuvimos en el chalet de mi cuñado en Nueva Sierra (Guadalajara). Todos comentaban que en esa vivienda había una persona invisible, como si de un fantasma se tratara, y que por eso se oían algunas veces ruidos extraños.
A mi sobrino César y a mí nos tocó dormir en el mismo cuarto, en la planta de abajo. Yo no podía dormir y oía de vez en cuando un ruido sospechoso. Mi sobrino estaba roque. Yo ya no podía más. Me levanté para avisarle de que alguien merodeaba por los alrededores de la casa. Para despertarle, no se me ocurrió otra cosa que tocarle el dedo gordo del pie suavemente. Al sentirlo, ¡pegó un salto de la cama que casi da con la cabeza en el techo!, exclamando desesperadamente:
- ¡¡Ay, ay, ay!!
Lo hizo de tal forma que me contagió y entonces yo me asusté todavía más que él y comencé a gritar lo mismo:
- ¡¡Ay, ay, ay!!
Salimos los dos a la calle en pijama, cogimos unos palos de la obra que había en el jardín y empezamos a gritar con los palos en alto:
- ¡Fuera de aquí! ¡Largoooo! ¡Veteeeeee!
Con esto queríamos ahuyentar al presunto intruso.
Los demás familiares que estaban en la casa se despertaron alarmados para ver qué ocurría y se asomaron a la terraza diciendo: ¿Qué pasa? ¡Hemos oído gritos! ¿Está todo bien?
Sacamos la conclusión de que posiblemente el ruido que me despertó estaba provocado por algunos ratoncillos de campo que estarían echando sus carreras, o algún gato que perseguía a otro, o quién sabe…
Lo que está claro es que el miedo es contagioso y que no tiene medida.

viernes, 16 de octubre de 2009

NO TE METAS EN DIBÚ (JOS)...

Hace unos días me vino a la memoria un suceso que he decidido compartir con vosotros.
Me ocurrió hace ya unos cuantos años, en una boda. Estábamos un grupo de personas hablando en el arcén de una carretera secundaria y sin asfaltar. Pasó un coche escarabajo marca Volkswagen a mucha velocidad, sorprendiéndonos a todos. Gritamos y levantamos las manos mostrando nuestra disconformidad al ver esa conducta.
- ¡Pero a dónde hemos llegado!
Tres o cuatro echamos a correr detrás de él (yo el primero) en señal de protesta. El coche se detuvo y de él salió un chico joven y rubio, parecía extranjero.
- ¿Qué pasa?- me dijo en plan chulesco.
Yo, haciéndome el valiente, me puse en postura de kun-fu como para asustarle:
- ¿Cómo que qué pasa? -le dije
Pero él se abalanzó con rapidez sobre mí y me soltó un mamporrazo. Las gafas salieron volando y uno de mis zapatos apareció lejos de donde yo estaba.
Mis cuñados salieron en mi defensa y sujetaron al agresor. Me salvaron de mi incómoda situación. Y el chico desapareció.
Cuando hubo un poco de calma, uno de mis cuñados, sujetándome el brazo me dijo en voz baja:
¡Paco, esto no es lo tuyo !
¡Cuánta razón tuvo al decirme esta frase!
La verdad es que hay veces en las te metes en cosas de las que luego no sabes cómo salir. Y a raíz de esto, recuerdo los versos "de cabo roto" que aprendí de joven de Miguel de Cervantes:
“No te metas en dibú(jos), ni en saber vidas aje(nas),que en lo que no te va ni te vie(ne), pasar de largo es cordu(ra)”

lunes, 3 de agosto de 2009

EL SABER NO OCUPA LUGAR

Ya se me había olvidado. Fue mi sobrino Fernando el que me recordó esta anécdota que sucedió hace mucho en el colegio de Novelda (Alicante). Todos los años por el verano organizábamos un cursillo preparatorio para aquellos chicos que deseaban venir al colegio como internos. Entre ellos vino mi sobrino Fernando. Al día siguiente de llegar los chicos, les hacía una foto a cada uno, colocándolos en fila en el patio. Yo estaba enfrente de ellos, con mi máquina fotográfica en mano y les mandaba que uno a uno se desplazaran de lado y se pusieran enfrente de mí y así:
Plafs, ¡uno!. Plafs, ¡otro!. Plafs, ¡otro!... Hasta terminar de hacer las fotos de carné.
Una vez terminadá la sesión fotográfica, subí a mi laboratorio para revelar los carretes. El laboratorio estaba situado en la terraza del colegio. Era una habitación sin ventanas donde tenía preparados todos mis artilugios fotográficos. Ese día no eché el cerrojo de la puerta. Al cabo de los minutos, se abrió la puerta sin previo aviso e instintivamente me salió un grito:
¡Eh, eh, eh,! ¡Que no se puedeeeeee! ¡¡¡Cierra la puerta!!
Quien fuera cerró la puerta y.... ¡Pies para que os quiero!
Para salir de mis dudas salí a ver quién era y qué quería. No logré verle, porque del susto tuvo que salir volando como el viento. Total, que me metí nuevamente en el laboratorio. Menos mal que me había pillado haciendo copias. Si hubiese sido el carrete hubiera sido insalvable.
Al día siguiente se me acercó mi sobrino y me dijo:
- ¡Tío, ayer quise hacerte una visita y me asusté mucho!
- ¡Así que eras tú! Recuerda llamar siempre a la puerta: el trabajo del fotógrafo no es compatible con la luz.

De joven me aficioné mucho a la fotografía. Un compañero, Julián Sola, me dijo que era muy fácil, me animó y me metí en ello: me dio unas normas y trabajé con él hasta que pude defenderme solo. Compré el proyector, cubetas y bandejas para blanco y negro... Este hobby me valió en el futuro para ocupar un puesto de trabajo en una fotocomposición de Artes Gráficas.
Se dice muchas veces que “el saber no ocupa lugar". Y Unamuno, en su día, añadió: "...pero ocupa tiempo".
¡Qué horas más bien aprovechadas pasé revelando fotografías! Nunca pensé que una afición, me serviría después para tanto.

domingo, 26 de julio de 2009

EL PANTANO DE SAN JUAN: "mar" de Madrid

Este pantano es el único de la comunidad de Madrid en el que está permitido el baño. Tiene 10 kilómetros de largo. En él se pueden practicar muchos deportes acuáticos. El embarcadero que está junto a la presa está repleto de embarcaciones.
En el año 1974 (yo me encontraba en la mediana edad), mi hermano Luis y Ana, su mujer, me trajeron a este pantano. Me presentaron a un amigo y a su mujer, que tenían una perrita y una lancha con motor. Estuvimos dando una vuelta por este lugar tan maravilloso. Paramos en una de las playas donde el silencio y la tranquilidad llamaban la a tención. Un lugar paradisíaco: sólo se podía acceder por el agua. Allí tomamos un bocata, que ya llevábamos en previsión.
La semana pasada mi hija y su amigo nos llevaron a mi mujer y a mi a este lugar. Comimos en San Martín de Valdeiglesias: una brocheta de verduras, calamar encebollado y tartas variadas. Todo muy rico. Dijimos, como suele decirse en estos casos: “Aquí hay que venir otra vez”
Por la tarde nos fuimos al Pantano, donde disfrutamos del paisaje, la tranquilidad y del olor a campo y a protector solar. Enfrente del embarcadero está la playa más concurrida del entorno. Unas cervezas y unos chopitos en un chiringuito situado en lo alto, nos relajaron y nos hicieron disfrutar de una gran panorámica.
Contemplando un atardecer precioso, recogimos nuestras pertenencias y reanudamos el regreso. Día como éste hacía tiempo que no lo había vivido a causa de mi salud y porque hace mucho tiempo que pasé por la mediana edad.