sábado, 21 de marzo de 2009

LAS CIRCUNSTANCIAS SON LAS QUE MANDAN

Al entrar en el blog de Zamarat (http://zamarat.blogspot.com/) y leer “INESTABILIDAD”, de Juan José Millás, me ha venido el recuerdo de un acontecimiento que pasó ya hace algún tiempo.

Me encontraba por tierras de León y pasé por un pueblo que, como suele ocurrir, estaba dividido en dos por la carretera. Además, no había mucha anchura. Como buen cumplidor del código, reduje la velocidad según la indicación de tráfico. Era temprano, sobre las 9 de la mañana. En un abrir y cerrar de ojos, vi una gallina que cruzaba, se arrepintió o se asustó y en vez de seguir cruzando, quiso volver al sentido contrario. Podéis imaginaros lo que ocurrió: la dejé herida o muerta; no lo pude comprobar bien por el espejo retrovisor. Como si de una película se tratara vi de inmediato a la pareja de la guardia civil que me esperaba a la orilla de la carretera, con sus tricornios y bien enfundados en su capa. Uno, con la mano levantada, me hacía la señal de stop.
- ¡¡ Ay madre!! ¡¡Ya la he cagao!! - exclamé del susto y del imprevisto - ¿Qué digo yo ahora?
Le di al intermitente y paré cerca de ellos. Ellos quedaron al lado derecho del coche, por lo que mientras ellos se aproximaban, yo me desplacé un poco del volante para abrir la ventana contraria al conductor. Asomó la cabeza uno de los agentes, le saludé y dije a continuación;
- He reducido la velocidad nada más entrar en el pueblo y no he podido evitar el atropello de la gallina…
Y ya no me dejó hablar más y me dijo:
- Por favor, ¿nos puede acercar al pueblo siguiente?
- Sí, hombre, encantado – aunque por dentro todavía me duraba el susto.
Una vez sentados, me dispuse a salir a la carretera con mil ojos, procurando no cometer ninguna infracción.
Durante el trayecto, yo repetía, volviendo al tema de la gallina: ¡No he podido evitarlo!
El agente me contestó: ¡No se preocupe, las gallinas deberían estar en el corral, que es su sitio!
Esto me alivió y volví a tener la serenidad que antes tenía. Les acerqué hasta el pueblo próximo y tan amigos.
Está claro que hay ocasiones en las se suceden una serie de situaciones extrañas y, en ese caso, no queda más remedio que dejarse llevar porque las circunstancias, al fin y al cabo, son las que mandan, igual que en la historia de Millás.

5 comentarios:

Zamarat dijo...

Me alegro de que mi entrada te haya hecho recordar este episodio tan surrealista. Jajaja... Estar pensado en que te van a decir algo por la gallina y que te digan que si los acercas a otro pueblo... Es genial!Me imagino lo mal que lo tuviste que pasar durante esos segundos. Besos!

Manrique dijo...

Hola Zamarat.
Es cierto que alguna veces piensas
en una cosa y te sale otra, sin saber si será mejor o peor.
Gracias por "dar un paseo" por mi blog.
Observo que no te aburren mis batallitas"ja ja

Marga dijo...

Ja,ja,ja!!!!!
Que historia, parece sacada de
una de las peliculas españolas
de la época de lo 70, que bueno
ya me imagino que apuro, tenerlos
que llevar, que quien les decía
que no "en vez de hacer auto-stop,
aprovecharon su autoridad", y tu
con tu gallina je,je. Me encantan
siempre tus historias.

______Un beso.

kary dijo...

la verdad que cuando en carretera está la guardia civil tráfico, se te encoje el corazón y te tiemblan las piernas, pues ahora me imagino... en otra época...dictadura??gallina?? tricornios??? madre mía que mezcla,
Muy buena la historia

Manrique dijo...

Marga y Kary.
Muchas gracias por dedicar un tiempo leyendo mis anécdotas y recuerdos. Lo hago con gusto y encima me sirve de entretenimiento
Saludos y besos